LOS HÉROES QUE LLENAN DE MÚSICA LA FERIA DEL HOGAR

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Un proyecto de la escuela AYO enseña arte a personas con habilidades diferentes. La batucada de la escuela pasea estos días por la Feria del Hogar animando a sus visitantes

“¡Tenemos hambre, hambre! ¡Tenemos hambre, hambre!” cantan mientras golpean la mesa con dos puños y esperan el menú de Don Vittorio. Todo el grupo, unos 18, está sentado en varias mesas de plástico que se han juntado formando una sola alargada, recordando al comedor de un campamento de verano. Se hacen bromas entre ellos, se ríen entre todos a carcajadas, y de tanto en cuanto se descontrolan y el profesor tiene que imponerse para apaciguarlos.
Pero no siempre lo consigue y en un descuido Juanito y Giancarlo se han escapado a ver el pasacalle de marinera que pasa delante de restaurante. Pero no se contentan con mirarlo, y sin vergüenza preguntan si pueden bailar ellos. “Es que Juanito es campeón de marinera, en Trujillo, creo”, cuenta una mujer que come con el grupo. Los dos jóvenes bordan los pasos durante una canción y luego reciben aplausos entusiasmados del público, que ya los reconoce de haberlos visto pasar antes tocando los tambores.
Los conocen porque ellos, que ahora bailan, han puesto música durante diez días a los pabellones y calles de la Feria. Su batucada es una de las más ovacionadas. Una de las que más sonrisas da y recibe.
Óscar Bravo es el director de esta agrupación de artistas. “Nosotros somos los Héroes de la escuela AYO”. Bravo es el fundador de esta escuela, y habla con orgullo y humildad pausada de su proyecto y de sus hijos. “Nosotros enseñamos a personas con habilidades diferentes a desarrollarse como personas a través del arte”. En su escuela se reúnen jóvenes con diversos diagnósticos: Asperger, síndrome de down, autismo… Se reúnen no para curarse, ya que, según los profesores, sus alumnos no tienen enfermedades, si no condiciones. Se reúnen para hacer y aprender arte. Música, teatro, baile clásicos y modernos, circo… Juanito, Giancarlo y los más de 20 compañeros que tiene la escuela se encuentran para sentirse mejor, para ver como el arte les permite descubrir talentos que hasta ahora su condición, por diversas razones, no les había permitido desarrollar.
“Yo creo quien tiene esta condición tiene una especial predisposición para el arte”. Quién opina es el profesor César Medina, otro héroe cotidiano con una paciencia infinita para lidiar con las manías de cada uno de sus alumnos. “Mira, ella se desmaya cada tanto y eso le afecta al cerebro. Él también se desmaya a veces, pero muchas veces solo lo finge. Ese otro de ahí, en cambio, lo finge siempre”. La última anécdota la han tenido en los vestuarios, mientras se cambiaban después del pasacalle. “En un momento Carlos ha salido muy nervioso llamándome: ¡Profe! ¡Profe! ¡Ricardo! Y cuando he entrado me he encontrado a Ricardo tirado en el suelo haciéndose el desmayado. Le he dicho que nosotros salíamos ya a comer, y que si no venía se quedaría sin comida. Y cuando ya me iba ha venido el corriendo detrás”.
Y Óscar lo explica. “Esto de tocar en la Feria es genial, porque todo lo que sea llamar a atención, exponerse, les encanta. Además, la gente se da cuenta de que no hacemos cualquier cosa, de que están escuchando algo bien hecho. De que no tienen que tener pena de nadie porque simplemente estos chicos hacen música igual de bien que la puede hacer cualquier otro”.
“El tema está en enseñar a cada uno según sus posibilidades. Buscamos fijarnos en las habilidades, no en las debilidades”. Giancarlo, por ejemplo, tiene oído absoluto. Uno puede tocar una nota cualquiera a 10 metros de distancia suya, y él, sin ninguna referencia sabrá decir cuál es la nota que se toca. Eduardo tiene 30 años, es el más mayor de un grupo cuyo miembro más joven tiene 17 años, y tiene autismo. Come solo mientras sus profesores comentan que él, como autista, es metódico y sistemático, y que eso lleva a que, por ejemplo, sea bueno para llevar ritmos fijos en el bombo pero no para improvisarlos.
En la charla, Giancarlo se acerca y hace la broma de dar la mano y retirarla cuando uno se la va a encajar. Tiene muchos problemas para vocalizar, pero eso no le ha impedido ser un gran bailarín de marinera, y entrar en la batucada, un sueño que cuando entró en la escuela no parecía que pudiera llegar a cumplir. “A él la música no se le da muy bien. Se desconcentra, no tiene ritmo. Pero tiene una habilidad brutal para la interpretación. Interpreta genial y baila muy bien, pero la música…Y sin embargo míralo, aquí está, poniendo música a la Feria con toda la banda de Héroes”.
Javier es justo lo contrario. “Él es muy hábil, pero dile que te haga un chiste”. No obstante, sus profesores dicen de él que creen que es de los que puede llegar a ser profesional.
Porque su escuela es un conservatorio, un lugar al que se va para aprender las artes. Pero también es un lugar donde aprender de la vida. “Aquí vienen chicos graves, chicos del Ann Sullivan, uno de los centros donde van los que ya pierden la esperanza”. “Nosotros nos dimos cuenta de que había un vacío de atención a estos chicos, que el Estado los acompaña hasta cierta edad, pero que luego tienen que buscarse la vida. Y como no pueden hacerlo, sus condiciones empeoran, y con ello las de sus familias”. En la escuela separan a los grupos con mayores habilidades sociales y artísticas de los que tienen menos, para poder dar una atención personalizada. Y los preparan para ser músicos profesionales, para que su vida siga después de la escuela.
Pero además, al avanzar en el proyecto, se dieron cuenta de que las madres, que muchas veces acompañaban en la escuela a sus hijos, también necesitaban una ocupación. La necesitan porque muchas de las madres pierden su vida para atender estos niños, y se quedan sin saber qué hacer cuando ellos tienen qué hacer. Así que la escuela creó un taller de capacitación textil para las madres.
Como dicen los profesores, “no hay nada escrito sobre esto, pero vamos avanzando”. Lo importante es seguir encontrando lugares donde demostrar su arte, como la Feria. Parece que los Héroes avanzan. Hoy llenarán de nuevo de música y de sonrisas los pabellones de la Feria del Hogar. Venir a verlos es un triunfo para ellos, y para cualquiera, porque todos aprendemos a aceptarnos y a convivir mejor. Te llama la llama.